Abrirse al amor

Entre sombras y espinas duerme un corazón frío y desolado.
Hace rato no ve la luz del sol, ya nadie transita por esos páramos de invierno.
Descansó una eternidad, pretendiendo que el amor duele más que la soledad.
Desdichado quien depende de algo tan frágil.

Un día irrumpió un gorrión, para contemplar el océano blanco, en una rama seca se posó y cuando esta se rompió, dejo caer una semilla. La semilla tiritó de frio, deseo que hubiera un poco de calor y durmió.
Un día la despertaron con cosquillas los rayos del sol, sonrío al cielo y en esperanza brotó
Un día sus raices se cruzaron con la piedra azul, que añoraba ver la luz, ella le contó
Las raices abrazaron a la piedra y la piedra su deseo encomendó.

Una mañana, el sol derritió toda la nieve.
Una tarde, brotó un campo verde
Una noche, se juntaron todos los deseos en coloridos pimpollos
y celebraron la vida al alba, bajo los rayos de Apolo

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